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Esperando el Amanecer

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Esperando el Amanecer
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(暁の待ち, Akatsuki no Machi)

Información
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Saga Sobrevive en tus Memorias
Personajes
Franken Stein
Shiro Kurosuke
Yashamaru Atsuryoku
Yorumaru Kurayami
Esperando el Amanecer (暁の待ち, Akatsuki no Machi) es el capítulo #34 de Akatsuki Afterlife, perteneciente a la saga "Sobrevive en tus Memorias"
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Dos días habían pasado desde que Franken y Yashamaru habían vuelto de su infructuosa incursión, y ese mismo tiempo corría desde la sorpresiva muerte de Yūma tras que este dijese datos ínfimos respecto al misterioso Ren. En el salón principal de la mansión ocupada por Akatsuki Afterlife habían decidido realizar un velatorio para el recientemente caído Itami Uchiha. Todo el plantel de miembros de la ya nombrada organización se encontraba reunido alrededor de un suntuoso ataúd de madera oscura, posiblemente ébano; estaban realizando un velorio a cajón cerrado: por más que lo intentaron hasta el cansancio, no pudieron reconstruir lo destruido en el combate.

La poca luz de un día cubierto de nubes hasta el cansancio hacía que debiesen tener luces encendidas incluso aunque fuesen las tres de la tarde. La vestimenta general era negra, y el único color que podía verse además de este era el brillante rojo de las nubes que, en contraste con el oscuro gris del exterior, pregonaba un mínimo indicio de vida. En un determinado momento, Franken salió a la escalinata que da acceso a la mansión para fumar un breve cigarro; no había pasado un minuto que ya tenía compañía fuera: Shiro Kurosuke.

¿No te parece extraño, Franken? Como miembros de una organización como la que somos, y más aún miembros de tanto tiempo en la misma como somos tú y yo, deberíamos estar acostumbrados ya a ver la muerte pasar a nuestro alrededor y tener que asentir silenciosamente ante los designios del averno, ¿pero por qué será que siempre se siente igual de mal? No termino de acostumbrarme a esto, Stein.

Tras dar unas dos o tres pitadas, Stein dio una forma circular al humo y lo lanzó en dirección a donde creía debería estar el Sol. – Es simple, Shi-ro-kun, por más bestiales que podamos ser personas como nosotros y otros que están dentro del salón, no dejamos de tener una condición humana. – Tras decir esas palabras, Franken apagó el cigarrillo contra la baranda de mármol de la escalinata, en tanto Shiro se recostó contra el barandal opuesto.

¿Una condición humana, eh?
Parece que de tanto en tanto recordamos que somos humanos.
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Entre tanto, dentro del salón utilizado para el velatorio, Yashamaru impartía un último saludo para quien había entrado consigo a la organización, y quien había sido asimismo su compañero. – Nunca entendí eso de ti, ¿cuál era la necesidad de ir contra el mundo a lo loco? Si hubieras permanecido quieto, si no hubieras salido para buscar una pelea, seguirías vivo, ¿lo entiendes?

Dejando las cercanías del féretro el Atsuryoku fue a sentarse en una silla junto a Yorumaru. Saludándolo con un gesto cansado, el Kurayami terminó por entablar una conversación con Yashamaru. – Hey, Cuervo, sé que tal vez no tengas muchas ganas de hablar ahora, pero tengo algo importante que decirte. – Volteando su rostro hacia Yorumaru, con un gesto le indicó que prosiguiese. – Bueno… Básicamente es lo siguiente, hace mucho tiempo que nos conocemos ya, ¿no crees?

Pues, sinceramente sí, Yorumaru, ¿pero eso qué tiene que ver? – Suspirando, el Kurayami tomó una copa de vino que tenía sobre una mesa aledaña. – Pues, yendo directamente al grano, Shirosuke planea dejar su puesto como miembro de Akatsuki Afterlife. Ha estado diciendo últimamente que ha cumplido un ciclo y cosas por el estilo, ¿sabes? Creo que considera dejar la organización.

Ohh, ya veo. – Murmuró el Atsuryoku, como si aquello no fuese verdaderamente de su incumbencia. – Presta más atención, pajarraco. Es algo importante, y en cierto sentido bueno para ti, ¿sabes? Si Shiro Kurosuke va a dejar el cargo de sublíder de Akatsuki Afterlife, quisiera que tú ocupases el mismo.

Incorporándose en el asiento, Yashamaru volteó completamente hacia el Kurayami. mirándole fijamente. - ¿Te parece, Yorumaru? ¿Por qué creerías que soy el indicado para ello? ¿Por qué no Franken? Él tiene más tiempo aquí que yo. Si hay alguien que podría ser sublíder, ¿no debería ser él?

Poniéndose de pie, Yorumaru dio un sorbo a la copa que llevaba en la mano. – Pues, en cuanto a antigüedad dentro de Akatsuki Afterlife tienes la razón, él lleva más tiempo aquí que tú, pero estás olvidando un detalle. – Arqueando una ceja, el Atsuryoku instó al líder de Akatsuki Afterlife a que continuase hablando.

Tú has sido un factor que ha llevado a algunos de los actuales miembros a buscar unirse, no podemos esquivar el detalle de que has sido una influencia importante para la actualidad de Akatsuki Afterlife, ¿sabes? Por eso creo que tú podrías ser un buen sublíder. La cuestión radica en si tú estás dispuesto a tomarlo o no, ¿entiendes?

Levantándose de la silla, Yashamaru miró con cansancio a Yorumaru. – Veo, está bien, aceptaré orgulloso ser el sublíder de Akatsuki Afterlife, pero tras el entierro de Itami, me gustaría ir a ver a mi familia, ¿puede ser? Deseo descansar en mi hogar… - Yorumaru apoyó su mano libre en el hombro del shinobi. – Claro, es entendible, ¿descansarás por mucho tiempo?

No mucho, no podemos quedarnos estáticos ahora. – Replicó el Atsuryoku ante el cuestionante del líder. Tras esta breve charla, salieron al exterior de la Mansión, las tierras correspondientes al pequeño cementerio privado en que descansaban los restos de buena parte de sus anteriores compañeros.

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En medio del entierro, una lluvia pesada se descargó contra los miembros de Akatsuki Afterlife, en tanto estos proseguían, silenciosamente, enterrando a su compañero caído. Tras que finalmente este hubiera llegado a su destino final, los miembros dejaron a los asistentes de la Mansión terminando las labores del entierro, entre tanto estos se fueron a refugiar nuevamente a la mansión. Sin embargo, tanto Yashamaru como Franken tomaron el camino contrario, hacia los alrededores del bosque.

¿Te vas ya? ¿No esperarás por lo menos a que la lluvia amaine? – Inquirió el Stein a su compañero. – No, quiero irme tan pronto como pueda. Debo buscar algo en mi hogar asimismo. – Franken lanzó un suspiro para luego mirar con cansancio a Yashamaru. – He estado pensando respecto al lugar al que fuimos, creo que fuimos engañados allí, que allí podría haber algo más que sólo un páramo desierto.

Lo sé, con suerte encontraré algo que sirva. Volveré cuando esté seguro de que puede revertirse otro hipotético caso de control enemigo. En fin, ¿puedes ocuparte de que la moral no decaiga? Y reestabiliza a Emi, así estará lista para el contragolpe en breve. ¿Puedes prometerme una cosa entre tanto, compañero? – Dijo el Cuervo a la Serpiente. Al mismo tiempo le colocó en la mano un pequeño pergamino. – Invoca un cuervo mensajero, está entrenado para buscarme siempre al instante. Si vuelve a haber problemas serios, lo utilizas.

Despidiéndose de este nuevamente, Franken se quedó parado en el camino viendo cómo el shinobi desaparecía entre la lluvia. Tras eso, emprendió nuevamente el camino a la mansión.

¿Tienes una idea o sólo lanzas monedas al pozo?
Veremos si tus premoniciones son correctas…
Entre tanto esperemos el amanecer para volver a nuestras vidas.

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